Qué automatizamos exactamente
No automatizamos "la empresa". Automatizamos procesos concretos, medibles y aburridos: los que se repiten igual todas las semanas y en los que un despiste cuesta dinero.
En las pymes de Madrid con las que trabajamos, entre el 60 % y el 80 % del tiempo administrativo se va en cuatro sitios:
- Entrada de pedidos: llegan por correo, por WhatsApp o por PDF y alguien los teclea en el ERP.
- Facturación y cobros: emitir, enviar, conciliar el banco y perseguir impagados.
- Alta y mantenimiento de clientes y proveedores: el mismo dato tecleado en tres sistemas distintos.
- Informes internos: exportar, cruzar en Excel y mandar por correo cada lunes por la mañana.
Cómo lo hacemos: el proceso primero, la herramienta después
Empezamos mapeando el proceso real, no el que está escrito en el manual. Nos sentamos con la persona que lo ejecuta y cronometramos: cuántas veces al mes, cuántos minutos, cuántos errores.
Solo cuando el proceso está claro elegimos la tecnología. A veces la respuesta correcta es un flujo automatizado en n8n; a veces es una plataforma en la nube como Make o Zapier, que para volúmenes bajos sale mejor y lo decimos; a veces es una integración nativa que ya existía y nadie había activado; y a veces la respuesta correcta es no automatizar y cambiar el procedimiento, que sale gratis.
Ese es un principio que nos cuesta clientes y lo mantenemos igual: no automatizamos un proceso roto, porque automatizar el caos solo produce caos más rápido.
Dónde vive la automatización
Los flujos se despliegan en un servidor que es tuyo, con tus credenciales y tus datos. No quedas atrapado en una plataforma nuestra ni pagas una cuota por acceder a tu propia información.
Si mañana decides trabajar con otro proveedor, te llevas los flujos, la documentación y el servidor. Esto es incómodo para nosotros comercialmente y es la única manera honesta de hacerlo.
Qué NO hacemos
No conectamos tus datos de clientes a servicios que no puedan justificar dónde se almacenan. Si un proceso implica datos personales, revisamos el encargo de tratamiento antes de tocar una línea.
No dejamos ningún automatismo enviando correos o facturas a clientes finales sin que una persona lo haya revisado antes, salvo que el propio cliente lo pida por escrito y entienda el riesgo.